Bósforo de Almasy…, porque nuestros cuerpos son los verdaderos países, llévame a una tierra sin mapas, sin fronteras.
Gracias, y el conde con el rostro quemado acerca a la enfermera Hanna, la mujer que cree que toda persona a la que ama muere, unos frascos de morfina. Léeme mientras duermo. Y, al final, unas palabras escritas por la dueña del Bósforo, en un libro de Herodoto, el padre de la Historia…, y entre esas páginas, unos dibujos de la cueva de los nadadores. Porque todos nadamos de un sitio a otro. Sin rumbo fijo, en una tierra sin mapas. Nuestro cuerpo es la geografía. En el cuerpo del amado, están nuestras propiedades. ¿No eres ajeno a la propiedad? No, tu Bósforo de Amsy
me pertenece en las noches de lluvia, de estrellas o tormentas de arena. Cuéntame, a la luz de la hoguera, una historia antigua. Léeme, mientras me duermo.

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